Terapia Manual

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Especialista en terapia manual
Terapia manual: base fundamental de los tratamientos, aplicada desde una visión global e integradora del cuerpo.

Utilizo técnicas como el masaje terapéutico, la osteopatía y especialmente la terapia miofascial, que permite intervenir de forma efectiva en un amplio abanico de disfunciones. Las más frecuentes patologías musculoesqueléticas, como dolores de espalda (lumbalgias, cervicalgias), tendinitis, sobrecarga muscular, esguinces o lesiones articulares.

Terapia miofascial.

La terapia miofascial no solo es eficaz en el tratamiento de estas alteraciones musculoesqueléticas, sino que también ofrece buenos resultados en casos de disfunciones viscerales (digestivas, ginecológicas, circulatorias...), gracias a su capacidad para liberar restricciones en el tejido conectivo y mejorar la movilidad y función de las estructuras afectadas. Estas técnicas cuentan con un respaldo creciente en la evidencia científica, que destaca su utilidad dentro de un abordaje fisioterápico razonado y bien estructurado.

La terapia miofascial puede tener efectos sobre el sistema nervioso autónomo, promoviendo respuestas de relajación y mejorando el flujo circulatorio. Además, puede influir en la hidratación y viscoelasticidad de la fascia, lo que favorece el entorno mecánico de órganos y estructuras internas.

Aunque el nivel de evidencia aún es moderado en este campo, hay estudios y revisiones sistemáticas que sugieren beneficios en el tratamiento de síndrome de intestino irritable, dismenorrea, endometriosis o disfunciones del suelo pélvico. Se plantea que la liberación miofascial sobre estructuras viscerales mejora la movilidad visceral y reduce la sensibilización somato-visceral.

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Preguntas frecuentes

Resolviendo algunas dudas sobre la terapia manual...

La terapia manual es una de las técnicas más utilizadas y valoradas dentro de la fisioterapia contemporánea. Se basa en la aplicación de movimientos manuales específicos por parte del fisioterapeuta, con el objetivo de reducir el dolor, mejorar la movilidad y normalizar el funcionamiento del sistema musculoesquelético. A diferencia de los tratamientos basados en aparatología o ejercicios activos, la terapia manual implica un contacto directo, preciso y adaptado a cada paciente, lo que permite actuar con mayor sensibilidad sobre las estructuras afectadas. Está especialmente indicada para tratar dolores articulares, contracturas musculares, limitaciones de movimiento y bloqueos vertebrales.

Este tipo de intervención se apoya en técnicas como las movilizaciones, los estiramientos pasivos, la manipulación de articulaciones, el masaje terapéutico y el tratamiento de puntos gatillo miofasciales. Uno de los beneficios clave de la terapia manual es su capacidad para aliviar el dolor de forma inmediata en muchas personas, gracias a la activación de respuestas neuromoduladoras en el sistema nervioso. Además, al mejorar la circulación local y relajar las tensiones acumuladas, se favorece la regeneración de tejidos y se recupera progresivamente la movilidad. En manos de un fisioterapeuta cualificado, estas técnicas son seguras, efectivas y altamente personalizadas.

La terapia manual no solo actúa sobre el síntoma, sino que permite al fisioterapeuta identificar con precisión las disfunciones que originan el dolor o la rigidez. Es especialmente útil en dolores de cuello, hombro congelado, lumbalgias, ciáticas, tendinopatías y secuelas de traumatismos. Además, puede combinarse con otras técnicas como el ejercicio terapéutico o la punción seca para lograr una recuperación más completa. La clave está en la evaluación individualizada y en la capacidad del profesional para adaptar la intervención a la evolución del paciente. Por eso, la terapia manual sigue siendo uno de los pilares fundamentales de cualquier tratamiento fisioterapéutico eficaz.

Aunque muchas personas utilizan ambos términos indistintamente, es importante aclarar que el masaje y la terapia manual no son lo mismo. El masaje terapéutico es una técnica concreta, incluida dentro del conjunto de herramientas que puede emplear un fisioterapeuta. Su objetivo es principalmente relajar la musculatura, mejorar la circulación y reducir el estrés físico. En cambio, la terapia manual es un enfoque mucho más amplio que abarca distintas técnicas específicas aplicadas de manera precisa sobre músculos, articulaciones, fascias y tejidos blandos, con una intención diagnóstica y terapéutica más profunda.

El masaje puede ser beneficioso en situaciones de sobrecarga muscular, tensión emocional o fatiga física, pero suele tener efectos más superficiales y transitorios. Por su parte, la terapia manual permite tratar disfunciones biomecánicas más complejas, como bloqueos articulares, restricciones fasciales o alteraciones posturales. Utiliza maniobras de movilización, manipulaciones articulares, estiramientos dirigidos y tratamiento de puntos gatillo, entre otras. Estas técnicas requieren un conocimiento anatómico y biomecánico avanzado, así como una formación específica por parte del fisioterapeuta. En este sentido, podríamos decir que el masaje es solo una parte dentro del tratamiento manual, no su totalidad.

Cuando un paciente acude a consulta con dolor o limitación funcional, el fisioterapeuta decide si es conveniente utilizar masaje, terapia manual o una combinación de ambas, según el caso. Lo importante es que, en un entorno profesional, cualquier técnica empleada esté basada en una valoración previa y una planificación terapéutica individualizada. Esta es la gran diferencia con los masajes relajantes o estéticos, que no persiguen una finalidad clínica. Por tanto, si buscas un tratamiento eficaz para aliviar molestias, mejorar tu movilidad o recuperarte de una lesión, es recomendable acudir a un fisioterapeuta cualificado que combine la terapia manual con otros recursos terapéuticos según tus necesidades.

La terapia manual está indicada en una amplia variedad de cuadros clínicos, tanto agudos como crónicos, que afectan al aparato locomotor. Es especialmente eficaz en patologías musculoesqueléticas como contracturas, cervicalgias, lumbalgias, tendinitis, esguinces, síndrome del túnel carpiano, síndrome de la articulación temporomandibular o dolor miofascial. También se emplea con éxito en secuelas de fracturas, recuperaciones postquirúrgicas y bloqueos articulares vertebrales o periféricos. Gracias a su capacidad para reducir el dolor, mejorar la movilidad y restaurar la funcionalidad, se ha convertido en una herramienta esencial en la práctica fisioterapéutica diaria.

Además, la terapia manual tiene una gran utilidad en pacientes con alteraciones posturales, disfunciones crónicas o rigideces asociadas al sedentarismo o al envejecimiento. Muchas personas que pasan largas horas frente al ordenador, que sufren estrés o que han tenido una lesión mal tratada en el pasado, presentan desequilibrios musculares o bloqueos articulares que pueden corregirse de forma eficaz mediante esta técnica. Asimismo, deportistas de todos los niveles recurren con frecuencia a la terapia manual para prevenir lesiones, descargar musculatura tras el esfuerzo o acelerar su recuperación tras una competición o entrenamiento intenso.

Es importante destacar que, si bien la terapia manual aporta grandes beneficios, siempre debe aplicarse con criterio clínico, tras una evaluación individual. No todos los pacientes requieren las mismas técnicas, ni todos los problemas se solucionan únicamente con manipulación manual. Por eso, un buen fisioterapeuta valorará si es conveniente integrar la terapia manual con ejercicio terapéutico, estiramientos activos, técnicas neuromusculares o reeducación postural. El objetivo final siempre será aliviar el dolor, restablecer la función y evitar recaídas, acompañando al paciente en su proceso de recuperación desde un enfoque integral.

El número de sesiones de terapia manual necesarias para notar una mejoría depende de muchos factores, como la gravedad del problema, su evolución en el tiempo, el estado físico del paciente y la presencia de hábitos que favorezcan o dificulten la recuperación. En general, muchos pacientes experimentan un alivio significativo desde las primeras sesiones, especialmente cuando el tratamiento se centra en contracturas, tensiones musculares o bloqueos articulares recientes. Sin embargo, en casos crónicos o cuando el dolor lleva tiempo instaurado, es frecuente que se necesite un abordaje más prolongado y progresivo.

En la mayoría de los tratamientos fisioterapéuticos, se recomienda una primera fase de intervención más intensiva (una o dos sesiones por semana), seguida de un seguimiento espaciado en el tiempo para consolidar los resultados. La clave está en adaptar la frecuencia y el número de sesiones a la respuesta del paciente y a sus objetivos terapéuticos. Además, la mejora no depende únicamente del trabajo en consulta, sino también de la implicación del paciente en el proceso: seguir las recomendaciones del fisioterapeuta, realizar los ejercicios indicados en casa y adoptar hábitos posturales adecuados es fundamental para mantener los avances conseguidos.

Es importante tener expectativas realistas y entender que cada cuerpo responde de forma diferente. En el caso de lesiones deportivas, por ejemplo, la evolución puede ser rápida si el abordaje es precoz. En trastornos más complejos o de larga evolución, como una cervicalgia crónica o una hernia lumbar, la mejoría será gradual, pero sostenida si el tratamiento es constante. El fisioterapeuta informará en cada sesión sobre los avances y ajustará el plan terapéutico según los resultados. Lo esencial es que el paciente se sienta acompañado, informado y partícipe en todo momento del proceso de recuperación.

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